Paisajes culturales

Autoria: 
Juliana Santilli (socia fundadora del Instituto Socioambiental y promotora de Justicia del Ministerio Público).

La Convención para la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural, aprobada en 1972, estableció la inscripción de bienes como patrimonio mundial en dos categorías diferentes: patrimonio natural o patrimonio cultural. Había, en el texto de la convención, un antagonismo entre las categorías, reflejo del origen bipartito de la preocupación con el patrimonio mundial, oriunda de dos movimientos separados: uno preocupado por los sitios culturales, mientras que el otro luchaba por la conservación de la naturaleza, conforme destaca Rafael Ribeiro1.  

Más tarde, al verificarse la existencia de bienes que podían ser clasificados en las dos categorías, fue creada la clasificación de bien mixto, para aquellos que tenían justificada su inscripción tanto por criterios naturales cuanto culturales, aunque sin un análisis de la integración entre ambos. Fue sólo en 1992, en el mismo año en que se realizó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en Rio de Janeiro, que la Unesco adoptó la categoría “paisaje cultural”, valorizando todas las relaciones entre hombre y medio ambiente, entre lo natural y lo cultural. Los paisajes culturales, para ser incluidos en la lista del patrimonio mundial, deben ser seleccionados por su valor universal, por su representatividad en términos de una región geocultural claramente definida y por su capacidad de ilustrar elementos culturales distintos de esa región. El concepto de paisaje cultural abarca también las ideas de pertenencia, valor y significado del lugar2.

Los paisajes culturales son clasificados en tres categorías, a fines de su inscripción en el patrimonio mundial: a) paisajes claramente definidos (clearly defined landscapes) , que son aquellos diseñados y creados intencionalmente, como jardines y parques creados por razones estéticas; b) paisajes desarrollados orgánicamente (organically evolved landscapes), también llamados “esencialmente evolutivos”, que se subdividen en paisajes-reliquia o fósil (relict or fossil landscapes), cuyo proceso de crecimiento terminó en el pasado, y paisajes continuos o vivos (continuing landscapes), donde los procesos de desarrollo todavía están en curso; c) paisajes culturales asociativos (associative cultural landscapes), cuyo valor es determinado de acuerdo a asociaciones hechas acerca de ellos, como las asociaciones espirituales de pueblos tradicionales con determinados paisajes.

Está em discussão a possibilidade de inclusão na lista do patrimônio mundial da Unesco, o Caminho do Ouro de Paraty e a cidade do Rio de Janeiro. Uma relação completa das paisagens culturais inscritas na lista do patrimônio mundial da Unesco pode ser encontrada clicando aqui.

No hay, hasta el momento, ningún sitio brasileño reconocido como paisaje cultural en la lista de patrimonio mundial de la Unesco, así como ningún sitio inscrito en el Libro del Tombo (relación de bienes oficialmente reconocidos como patrimonio cultural) arqueológico, etnográfico o paisajístico1, que haya sido tombado por su valor en cuanto “paisaje cultural”, en el sentido definido por la Unesco, que privilegia las interacciones entre naturaleza y cultura así como los componentes materiales e inmateriales.

Entre los paisajes culturales inscritos en la lista de la Unesco están muchos sitios con rica diversidad socioambiental, como el paisaje del agave y las antiguas destilerías de tequila, en México (fecha de inscripción: 2006); la costa amalfitana, en Italia (fecha de inscripción: 1997), la quebrada de Humahuaca, en el valle del Río Grande (fecha de inscripción: 2003); los bosques sagrados de Mijikenda Kaya, en Kenia (fecha de inscripción: 2008); las terrazas de arroz de las cordilleras filipinas (fecha de inscripción : 1995); las primeras plantaciones de café del sudeste de Cuba, situadas al pie de la Sierra Maestra (fecha de inscripción: 2000); el paisaje agrícola del sur de la isla de Öland, en el mar Báltico, en Suecia (fecha de inscripción: 2000), que es dominada por un lecho calcáreo, donde el hombre se adapta, desde hace 5 mil años, a un ambiente hostil; el paisaje cultural de la región vinícola de Tokaj , en Hungría (fecha de inscripción: 2002); los paisajes vinícolas de la isla volcánica del Pico, que integra el archipiélago de Azores (fecha de inscripción: 2004) y del Alto-Douro, en Portugal (fecha de inscripción: 2001). Todas fueron reconocidas como paisajes de “excepcional valor universal”, en los términos de la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial de la Unesco. La Convención Europea del Paisaje, aprobada en el 2000, se distingue de la Convención de la Unesco no sólo por tener cobertura únicamente regional (y no internacional), sino también por cubrir todos los paisajes, inclusive aquellos que no tienen valor excepcional. Ella establece normas de protección y gestión de todas las formas de paisaje e incentiva la participación de los ciudadanos en las decisiones sobre las políticas relativas a los paisajes en los cuales viven.

Además de los paisajes culturales de “excepcional valor universal”, reconocidos por la Unesco, a través de su convención internacional, Brasil creó un instrumento nacional de reconocimiento de los “paisajes culturales brasileños”, denominado “chancela" sello y regulado por la Ordenanza N° 127, del 30/04/2009, del presidente del IPHAN (Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional). Tal instrumento fue creado tomando como fundamento el artículo 216, parágrafo 1° de la Constitución, que determina que el poder público, con la colaboración de la comunidad, promoverá y protegerá el patrimonio cultural brasileño, por medio de inventarios, registros, vigilancia, reconocimiento, confiscación y “otras formas de cautela y preservación”. Según la referida ordenanza, el “paisaje cultural brasileño” es una “parte peculiar del territorio nacional, representativa del proceso de interacción del hombre con el medio natural, a la cual la vida y la ciencia humana imprimieron marcas o atribuyeron valores”. El “paisaje cultural brasileño” es declarado bajo sello instituido por el IPHAN, y cualquier persona natural o jurídica es parte legítima para requerir la instauración del proceso administrativo con miras a obtener el sello de  “paisaje cultural brasileño”.

El sello implica el establecimiento de un pacto entre el poder público, la sociedad civil y la iniciativa privada, apuntando a la gestión compartida de las partes del territorio nacional conocidas como “paisajes culturales brasileños”. El sellado de estos espacios considera el carácter dinámico de la cultura y de la acción humana sobre las partes del territorio nacional y debe ser revalidado en un plazo máximo de diez años. El objetivo del sello es contribuir a la preservación del patrimonio nacional, complementando e integrando los instrumentos de promoción y protección existentes, en los términos preconizados por la Constitución. El arquitecto de paisaje y técnico del IPHAN Carlos Fernando de Moura Delphim define el paisaje cultural como “un sistema complejo, dinámico e inestable, donde los diferentes factores evolucionan en forma conjunta e interactiva”, y defiende la necesidad de que la legislación la proteja contra eventuales daños y acciones lesivas3.

Según la Carta de Bagé4, el paisaje cultural es “el medio natural al cual el ser humano imprimió las marcas de sus acciones y formas de expresión, conformando una suma de todos los testimonios resultantes de la interacción del hombre con la naturaleza”. Entre los sitios que están siendo considerados para recibir el sello de paisajes culturales brasileños están el valle del Ribeira (São Paulo), la Sierra de la Bodoquena (Minas Gerais, el valle del Itajaí (Santa Catarina) y Canudos (Bahía).

El valle del Ribeira compone una región geográfica formada por 25 municipios, bañados por la cuenca hidrográfica del río Ribeira de Iguape. La región abriga la mayor diversidad del Estado de São Paulo y hace parte de la Reserva de la Mata Atlántica, reconocida como patrimonio natural de la humanidad, por la Unesco, en 1999. Posee gran diversidad cultural, representada por quilombos, caiçaras (poblaciones costeras), comunidades indígenas, núcleos de colonización inmigrante, agricultores familiares y pescadores tradicionales. Hay también en la región muchos sitios arqueológicos y núcleos urbanos con construcciones coloniales.

En el valle del Itajaí, el IPHAN destaca que la pequeña propiedad rural orientada a policultivos y la producción basada en la mano de obra familiar fue pieza clave para el desarrollo y la sustentabilidad de las propiedades, desde el tiempo de la colonización hasta hoy. Incluso cuando las colonias de inmigrantes se desarrollaron y algunos de sus miembros enriquecieron, la base social se mantuvo sostenida por los minifundios agrícolas, y las casas de los pequeños productores formaban el tronco de la arquitectura de los inmigrantes en el sur de Brasil. Junto a las casas se encuentran jardines, huertas (donde predominan los tomates, repollos, col, lechugas, calabazas, pepinos, maní, pimientas y condimentos, todos bastante utilizados en las refecciones) y pomares en los fondos de las casas (con paltas, caquis (Diospyros kaki), carambolas, jabuticabas (Plinia trunciflora), pitangas, naranjas, limones, guayabas y araçá (Psidium cattleyanum). Los plataneros y la caña de azúcar están siempre presentes, y los palmitos son guardados para ocasiones especiales. Generalmente los pequeños lagos, con patos y yaguasas (Dendrocygna), se localizan en las proximidades, y los bambús, por sus múltiples utilidades, son vistos como indispensables. En las áreas de inmigrantes polacos e italianos, las parras son casi siempre obligatorias, permitiendo la tradicional fabricación doméstica de vino.5

Están siendo consideradas, con miras a ser selladas como “paisajes culturales brasileños”, las localidades de Testo Alto ( en el municipio de Pomerode) y Rio da Luz (en el municipio de Jaraguá do Sul), en el valle del Itajaí, en Santa Catarina. Esos ejemplos muestran el potencial uso de la categoría “paisaje cultural” para proteger a la biodiversidad.

Notas y Referencias

  1. RIBEIRO, R. W. Paisagem cultural e patrimônio. Rio de Janeiro: Iphan, Copedoc, 2007. 151p.
  2. Según el Decreto Ley N° 25/1937, hay cuatro Libros del Tombo: el Libro del Tombo Arqueológico, Etnográfico y Paisajístico, el Libro del Tombo de las Bellas Artes y el Libro del Tombo de las Artes Aplicadas.
  3. DELPHIM, C. F. M.. “Paisagem”. Rio de Janeiro: Iphan, 6/11/2007.
  4. Carta de Bagé o Carta del Paisaje Cultural que fue aprobada durante la jornada „Paisajes culturales: nuevos conceptos, nuevos desafíos“, realizada en Bagé, Rio Grande do Sul, en el día 17/8/2007. La Carta de la Sierra de la Bodoquena o Carta de los Paisajes Culturales y Geoparques fue aprobada durante el seminario “Sierra de la Bodoquena/MS – Paisaje Cultural y Geoparque”, realizado en Bonito, Mato Grosso do Sul, del 19 al 21 de setiembre del 2007. Agradezco a María Regina Weissheimer, arquitecta y urbanista del IPHAN por todas las informaciones sobre las acciones institucionales relativas a los paisajes culturales.
  5. Instituto del Patrimonio Artístico e Histórico Nacional. 11° Superintendencia Regional, Santa Catarina. Roteiros nacionais da imigração. Santa Catarina. Florianópolis: Iphan. p. 212-221. Supervisión y Coordinación: Dalmo Vieira Filho y María Regina Weissheimer. Ese lindo trabajo presenta y valoriza las contribuciones de los inmigrantes oriundos de países como Alemania, Italia, Polonia y Ucrania al patrimonio cultural brasileño. Fue presentado al Consejo Consultivo del Iphan en diciembre del 2007.
Más información

FOWLER, P. J. "World Heritage Cultural Landscapes: 1992-2002." Paris: Unesco, 2003. (World Heritage Papers, n. 6)

Para saber más sobre las acciones de identificación de bienes culturales en el valle del Ribeira en el Estado de São Paulo, enfocando en los paisajes culturales, vea »Paisaje cultural: Inventario de conocimiento del Patrimonio Cultural en el valle del Ribeira«, de la Superintendencia Regional del IPHAN, en São Paulo, coordinado por la arquitecta Flávia Brito do Nascimiento.

SCIFONI, S.. A construção do patrimônio natural. São Paulo: FFLCH-USP/Labur Edições, 2008. Disponible  clicando aquí. Página web consultada el 2/2/2009.

AB’SABER, A.. Os domínios da natureza no Brasil. Potencialidades paisagísticas. São Paulo: Ateliê Editorial, 2003.

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